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Qin Shi Huang. La unificación de China y la quema de la memoria

Qin Shi Huang.
La unificación de China y la quema de la memoria

La quema de libros, una práctica ancestral

No es novedad que, con la instauración de nuevos regímenes políticos, una de las principales preocupaciones es borrar la memoria del régimen anterior, ya sea substituyendo símbolos, instaurando nuevas leyes, implementando nuevas ideologías y, en los casos más extremos, no contentos con la substitución, se procede con el repudio y la destrucción a rajatabla del pasado. Se ha visto antes en varias ocasiones, ya sea con la Revolución Cultural de Mao Tze Tung, el genocidio camboyano de los Jemeres Rojos, o el sueño quimérico del Tercer Reich en que, tras la victoria del Eje, se pretendía borrar todo rastro del pueblo judío, desde sus libros hasta sus lápidas.

Pero esta pesadilla bradburyana (Farenheit 451) sobre sobre la destrucción de la memoria para nada es un fenómeno reciente, ya anteriormente hablamos de cómo Demetrio de Falero fue borrado de la memoria de Atenas tras su caída política, y podríamos hablar en algún momento de cómo el senado romano condenó a Calígula a la Damnatio memoriae tras su asesinato para tratar de borrar toda memoria sobre él; en otras palabras, se trata de una jugarreta política para tratar empezar de nuevo con una cultura y sociedad, y esto nos lleva justo a uno de los casos más terribles y menos conocidos.

El primer emperador y la unificación de China

Qin Shi Huang es un personaje histórico lleno de contrastes, fue famoso por su ingenio militar y por lograr la gran hazaña de unificar los siete reinos, acabando con la guerra por la hegemonía en la que se habían enfrascado por nueve años, pero también es recordado por su severidad, su afán de unificar y por sus medidas que, a día de hoy, podrían calificarse de crueles. Además, este mítico emperador es recordado por su famosa tumba custodiada por soldados de terracota y por iniciar la construcción de la Gran Muralla.

Después de que Qin Shi Huang unificó los siete reinos en el 221 a. C., y que se declaró a sí mismo primer emperador de China, procedió con una serie de reformas para unificar la política, economía y cultura de los mismos para crear una sola sociedad para este nuevo imperio. Entre estas políticas destacaron:

La abolición del feudalismo y la reestructuración del territorio en 36 provincias. (cada una dirigida por tres gobernadores), el control la construcción de una extensa red de carreteras y canales para conectar las provincias entre ellas (y con ello aumentar el comercio). Junto con su canciller, Li Si, también unificó la Economía al estandarizar los pesos y medidas, la moneda, el sistema legal, y especialmente la escritura.


Para esto último, Li Si desarrolló un nuevo conjunto de caracteres fue llamado “de los sellos pequeños”, basándose en otros caracteres usados en el estado de Qin; esta nueva escritura se volvió obligatoria para deshacerse de los sistemas de escrituras locales y las muchas variaciones que existían para escribir una misma palabra (en algunos casos hasta 20).

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“Quemar los libros y ejecutar a los confucianos”

Sobre este mismo eje unificador, en el año 213 a. C., se relata que el primer emperador tomó dos acciones drásticas: primero ordenó que se hiciera una quema de libros de todo lo escrito anterior a la unificación de China para consolidar su poder; posteriormente hizo ejecutar a 460 intelectuales confucianos; en su conjunto se le conoce a este episodio como “la quema de libros y el entierro de eruditos”, y fue a partir de ese momento el contenido de todos los libros, los de poesía, los de filosofía y los de historia, era sistemáticamente controlado.

De acuerdo a este relato, todas las obras clásicas de las Cien escuelas del pensamiento, excepto las de la propia escuela de Li, estuvieron sujetas a la quema de libros, por temor a que socavaran la legitimidad del emperador, cuyos eruditos empezaron a escribir sus propios libros de historia, por ende, los libros de historia, excepto los de los historiadores de Qin, fueron quemados.

Entre estas escuelas que se vieron afectadas se encontraba el taoísmo de Lao Tsé, el moísmo de Mozi, y el confucionismo de Confucio. Tras la muerte de Qin Shi Huang, su dinastía se desmoronó y dio paso a la Han (206 a. C. – 220 d. C.), quienes restablecieron muchas de las costumbres y rituales prohibidos por la anterior dinastía. De hecho, la dinastía Han colocó al confucionismo como su piedra angular, cuyos historiadores posteriormente condenaron al emperador Qin Shi Huang de haber quemado los clásicos y enterrado vivos a estudiosos confucianos, y poco después, compilaron la lista de los “Diez crímenes de Chin” para constatar estas acciones.

Sin embargo, hay que mencionar que quien estuvo detrás de muchas de estas medidas fue el propio canciller Li Si, pues él temía que, con el recuerdo del pasado a través de la historia o la poesía de los reinos, se generara un anhelo por el pasado que desembocara en revueltas o levantamientos; de igual forma, cargó contra las escuelas filosóficas cuyas ideas no fueran compatibles con las del nuevo régimen:

Aunque la idea general es que con este hecho se destruyó casi en su totalidad todo el conocimiento previo a la unificación de China, se sabe que Li Si procuró salvar los libros sobre tecnología, así como libros “objetables” de poesía y filosofía para poder estudiarlos, aunque es innegable que la mayor pérdida fueron los libros de historia estatales anteriores a Qin, se sabe que algunos de estos libros también fueron resguardados por Li Si.

Sin embargo, aunque hubiesen sido rescatados, debieron perderse alrededor del año 206 a. C. cuando fuerzas enemigas capturaron y quemaron los palacios imperiales de Qin, en donde probablemente se encontraban resguardados estos libros.

Respecto a la ejecución de los eruditos, la creencia entorno a este episodio se debe a un pasaje del ya mencionado libro de Shiji, después de que el emperador fue engañado por dos alquimistas que prometieron prolongar su vida y casi lo mataron (se tenía la idea de que el mercurio podía brindar la vida eterna, es por eso que la famosa tumba de este emperador tiene ríos de este elemento que es potencialmente dañino para la salud):

Escepticismo sobre estos dos relatos

Pese a que estos dos episodios tienen una amplia tradición escrita, hoy en día se han planteado serias dudas respecto a estos dos episodios por diferentes razones:

La erudita y profesora de la Universidad de California, Michael Nylan, observa que a pesar de su significado mítico, la leyenda de “la quema de los libros” fue una historia inventada por los eruditos de la dinastía Han para acusar a los Qin de destruir los Cinco Clásicos confucianos, para difamar el régimen que acababan de derrotar, además de que la asignación de los Cinco Clásicos “confucianos” sólo apareció a partir de la dinastía Han y no durante la Qin.

Por otro lado, Martin Kern agrega que Qin y los primeros escritos de Han citan con frecuencia los Clásicos, especialmente los Documentos y el Clásico de la Poesía, lo cual no habría sido posible si hubieran sido quemados antes. [5]

Además, sobre el relato de Sima Qian de la ejecución de los eruditos, se ha observado que ningún texto anterior al Shiji menciona las ejecuciones, y en él no se menciona a ningún erudito confuciano por su nombre como víctima de las ejecuciones, además de que ningún otro texto menciona las ejecuciones hasta el siglo I d.C., además de que el primer uso conocido de la famosa frase “quemar los libros y ejecutar a los confucianos” no se observa hasta principios del siglo IV.

A modo de conclusión

Sin duda alguna, la quema de libros y el silencio impuesto a intelectuales es un acto barbárico que ha estado presente en nuestra memoria desde casi el principio de nuestros registros históricos. Corrigiendo la famosa frase de W. Churchill de que “la Historia la escriben los vendedores”, realmente son los historiadores de los regímenes vencedores quienes escriben y reescriben la Historia, y han sido muchos los casos en que se han aprovechado de documentos ausentes o de actos barbáricos (que existieron o que nunca sucedieron) para justificar o legitimar las acciones de los nuevos líderes políticos.

Lo que no podemos dudar, es que la quema de libros, tanto reales como imaginarias, sólo perjudican el conocimiento humano y opacan la memoria sobre el pasado, poniendo en riesgo la veracidad de los hechos, al punto de que orillan el valor de su veracidad al mismo grado que el de las leyendas, al carecer de fuentes suficientes que las respalden.

La memoria, el olvido y la invención son constantes en el estudio del pasado con las que se deben lidiar al momento de estudiarlo, y sólo preservando los documentos, libros y fuentes, se puede facilitar un poco la búsqueda por entenderlo mejor y comprender mejor quiénes somos y de dónde venimos.

Con información de: