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La Biblioteca colombina y su gran colección

La Biblioteca colombina y su gran colección

Recapitulando lo visto en la entrada anterior, Hernando Colón tuvo que investigar y juntar información de diferentes fuentes, gracias a lo cual poco a poco fue incrementando su biblioteca; de igual forma, tuvo que revisar cartas náuticas, cuadernos de bitácora y libros de navegación de pilotos resguardados en la Casa de Contratación de Sevilla (institución encargada de todos los asuntos sobre las Indias Occidentales).

“Hernando buscó aprehenderlo a través de la creación de una biblioteca universal que abarcara todos los libros, folletos, partituras de música, pasquines y grabados que existieran en el mundo. De todas las culturas, en todos los idiomas.”

La gran Biblioteca que Hernando Colón formó hasta el día de su muerte alcanzó más de 15,000 volúmenes, pero su Colección (una de las más grandes en Europa para ese entonces) no sólo destacó sobre otras por su gran extensión sino por su propósito, ya que él tenía la visión de que, al recopilar todo el material científico posible, le permitiría darle acceso a él a quienes necesitaran consultarlo, “inaugurando así el concepto moderno de bibliografía”.

Instrumentos de consulta Bibliográfica

Hernando Colón no sólo amasó un gran acervo de libros, sino que también elaboró índices y catálogos para organizarlo sistemáticamente; en este registro que hoy conocemos como el Regestum librorum Dom Ferdinandi Colon se organizaron los ejemplares por orden de entrada a la colección, con datos sobre el lugar, precio y fecha de la compra, así como un resumen del contenido de cada libro.

Otro de los métodos de clasificación que utilizó fue El libro de los Epítomes, que buscaba reducir cada libro a un pequeño sumario, y con ello hacer más eficientes y rápidas las búsquedas de un ejemplar particular, en suma, este libro estuvo compuesto por hasta 16 tomos de unas 2000 páginas; curiosamente, uno de estos libros fue descubierto a principios de 2019 en Copenhague, Dinamarca, en el Instituto Arnamagnæan, donde estuvo aproximadamente 350 años almacenado sin que se supiera.

También elaboró un sistema de “claves”, llamado Libro de las materia, el cual le permitía acceder a las obras que trataban sobre un determinado tema; sim embargo, el último instrumento que creó fue la Tabla de autores y ciencias, la cual constó de más de 10.000 trozos de papel (hoy diríamos “fichas”) que manejaban lo que en la Edad Media llamaban “Artes Liberales”, el trivium: gramática, dialéctica y retórica; y el quadrivium (matemáticas): aritmética, geometría, astronomía y música; además de que agregó las categorías de medicina, teología y derecho, con todas sus subdivisiones. Cada una de estas fichas tenía el título, el autor, el tema, y el biblioglifo (símbolos que resumían detalles de la publicación). Con todo esto, una persona podría conocer el contenido de un libro para después consultarlo, si le resultaba útil.

De igual forma, dada la compra que hizo de grabados (más de 3,200), tuvo que desarrollar un sistema propio para clasificarlos, organizarlos y evitar repetidos, para ello Colón creó etiquetas según el tamaño del papel y el tema (humanos, animales, objetos…), a su vez, los humanos se subdividían según el número de personas que aparecían, el género, su carácter de santos o seglares, y si estaban vestidos o no, además de que había una jerarquía de etiquetas.

La importancia de la Biblioteca Colombina

Gracias al apoyo, tanto de las mercedes que obtuvo de la Corona, como de familiares y de amigos -que le dieron dinero y tomos en especie para su colección, provenientes de las ciudades más importantes de Europa-, para 1525 ya fue necesario construir un lugar adecuado para su Biblioteca, con el fin de tenerla organizada y con los tomos accesibles para su consulta.

Hernando Colón esperaba crear una Biblioteca que pudiera reunir todo lo publicado en el mundo cristiano, así como gran parte fuera de él, y que continuara con esta labor aún después de su muerte, para lo cual Carlos V le otorgó una subvención en 1536. Tras la muerte de este gran bibliófilo, el acervo fue donado al cabildo de Sevilla, en cuya catedral descansan los restos de esta colección que actualmente conocemos como la Biblioteca Colombina, la cual desgraciadamente languideció en los siglos posteriores, al punto de que al día de hoy sólo quedan unos 4,000 tomos de los más de 15,000 que alguna vez contuvo, además de que la colección de estampas y grabados se perdió por completo.

Sin embargo, no podemos evitar notar que aquello que Hernando Colón empezó como una colección de documentos para litigar los derechos heredados por los descubrimientos de su padre, pasando por el espíritu humanista de la época Moderna, los grandes proyectos de cartografía y cosmografía castellanos impulsados por la exploración del Nuevo Mundo, se convirtió en una enorme Biblioteca que contenía tanto textos clásicos como los hallazgos más recientes, pero cuya visión sobre la sistematización para el acceso al conocimiento fue lo que transformó este acervo en algo nuevo y, en consecuencia, marcó la pauta para el futuro de las Bibliotecas, probablemente del mundo entero.

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